Frontera hostería y cabañas

Frontera hostería y cabañas Frontera ofrece un complejo de hostería y cabañas de arquitectura moderna y construcción de categoría destacada, en el corazón del bosque andino patagónico

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30/10/2024

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14/10/2024

El grupo de la biblioteca que lee y escribe, dio como consigna: "hablar desde el punto de vista de un animal" yo presenté lo siguiente:

Cerebro de hormiga

El otro día escuché que decían “¡Pobre! Tiene el cerebrito de una hormiga...” Nada más desacertado. Para comenzar, si comparamos la masa encefálica con la corporal, nuestro cerebro es tres veces más grande que el del ser humano. Pero vayamos a los resultados, las hormigas no tenemos ningún tipo de trastornos mentales. Entre nosotros no existen los sicólogos ni los psiquíatras. Con nuestro “cerebrito de hormiga” nos la hemos arreglado para tener sociedades estables, sin tener que andar guerreando con sociedades hermanas, salvo algunos pocos problemas territoriales que siempre se terminan resolviendo. Así hemos llegado a dominar el mundo, estamos en todos los continentes y somos unos veinte mil billones de hormigas, o lo que es lo mismo, más o menos dos y medio millones de hormigas por cada ser humano.
No tenemos luchas internas dentro de cada colonia. Nos sabemos adaptar a nuestras funciones. Es verdad que nuestros grupos no son participativos ni democráticos, funciona más o menos como una monarquía con linajes especializados. Cada una sabe si tiene que ir cortar, arrastrar, acomodar las reservas, cuidar huevos, alimentar larvas, fecundar a la reina o poner huevos. Ninguna obrera va y le dice a la reina “Estamos hartos de ti, desde ahora yo tomo el mando” Ningún zángano le dice a la reina “Acabemos con este matriarcado, ahora yo soy el rey” Esto podría interpretarse como una apología de la monarquía, pero no, de ningún modo. Cada hormiga tiene su rol. No se trata de una descripción valorativa sino una exposición de la realidad. ¿Es bueno o malo? No lo sé, pero funciona.
Yo sé perfectamente bien que es políticamente incorrecto decir que lo que ustedes tienen no funciona. Pero... ¿Qué sentido tuvo haber pasado siglos venerando sagradas escrituras? ¿Cuánta sangre corrió entre miembros de diferentes nobles familias que pretendían un trono que no se podía fraccionar? ¿Cuánta carne quemada por no querer reconocer algo carente de evidencias? Es cierto, vino el iluminismo... Pero, ¿Cuántas cabezas rodaron, en nombre de revoluciones justas? ¿Cuántos holocaustos, persecuciones, crímenes de guerra? Ustedes no se dan cuenta porque son hojas que están volando dentro de la tormenta. No tienen el menor empacho en pisotear una fila de hormiguitas que van arrastrando con sus mandíbulas un pedacito de una hoja que llevarán bajo tierra.
El otro día discutíamos si éramos felices o no. Es que nunca nos lo habíamos planteado. Una de nosotras decía que no era importante, “Yo nunca conoceré la luz del día” decía “Pero soy feliz, al menos eso creo, porque acondiciono alimentos y me ocupo de las larvas, que es lo que tengo que hacer, y lo hago bien”
Bueno, es lo que dice Talcott Parsons, Estructura y Función. Nuestra sociedad se perpetúa, o al menos es estable y libre de conflictos durante muchísimo tiempo, porque cada una ocupa su sitio correcto dentro de la estructura y es funcional al conjunto.
Miren lo que pasa con los humanos, que tanto se burlan de nuestro “cerebrito de hormiga” Valoran la monogamia, pero mienten y traicionan sin ningún empacho. Nuestros zánganos fecundan y le dicen adiós al mundo sin una pizca de amargura, sin resentimientos.
El Homo Sapiens (¿Habrá que decir la Fémina Sapiens también ahora?) no se contenta con vivir en estado tribal, arma naciones e imperios, imagina dioses, y de acuerdo a lo que éstos le ordenan, invade a los vecinos, guerrea y esclaviza. Se las arreglan para construir sólidas estructuras, pero en base a injusticias y terror. Hasta que aquellos que más sufren logran acabar con el antiguo régimen, y construyen caóticamente el régimen propio, bastante anarco, dicho sea de paso, hasta que aparece un nuevo emperador a poner orden. Y el ciclo se repite. ¡No! Evoluciona, dirán algunos pensadores. Vamos hacia el Socialismo y luego el Comunismo. Pero el camino no es recto, tiene sus desvíos, “El Izquierdismo es la enfermedad infantil del comunismo” Decía Lenin, y tal vez tuviera razón... Pero... ¿Qué quieren que les diga? Me duele la cabeza de pensar en los hombres, perdón, en los hombres y las mujeres. Ya no me interesa leer política o teoría económica. Buscando, encontré La Hormiga Argentina, de Ítalo Calvino, y lo leí, porque soy hormiga y argentina, pero me dejó con un poco de culpa, me gustó más La Nube de Smog, que venía en el mismo libro, son relatos cortos, y ese me agradó más porque la culpa la tienen ustedes por quemar tanto combustible fósil.
Yo soy cortadora y arrastro, me gusta muchísimo ese trabajo porque ando siempre paseando y soy bien salidora. Se va por tierra, se sube a los árboles, se van cortando prolijamente las hojas... Atención que no matamos al árbol, siempre dejamos ramas vivas. Entonces, los trocitos de hoja se llevan hasta abajo para que las acondicionadoras las acomoden de modo que se forme la pasta de la cual después todas comemos, incluyendo reinas, zánganos y larvas. De ida, cuando una va descargada es casi como un paseo, se puede mirar a todos lados. Al regreso es un poco más pesado porque cargamos pedazos enormes y a veces se nos acalambran las mandíbulas, las mismas que hemos usado para cortar, sirven para asegurar la carga.
Bueno, por lo menos a mí, esto me ha servido como catarsis. Ya sé que la humanidad no me va a leer ni escuchar, pero a mí me de vez en cuando me da gusto pensar, me entretiene, y a veces cambiamos ideas con las chicas. A pesar de que solo tenemos, como ustedes dicen con desprecio: “un cerebrito de hormiga”

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11/10/2024

Verónica Persica al sol y a la sombra (No confundir con nomeolvides) original del sur de Asia, exótica naturalizada... ¿Cómo llegó hasta aquí?

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El grupo de la biblioteca dio como consigna sobre la cual escribir "la semana que viene"
Abajo sigue lo que les presenté:
Me tienen podrido con “la semana que viene”

La gente piensa que los perros somos inteligentes porque damos la patita, nos tiramos al suelo cuando nos dicen “¡Hazte el muerto!” ...Ese tipo de cosas... La inteligencia de los perros va mucho más allá, por lo pronto, hemos dominado al ser humano: Nuestro “dueño” se ocupa de darnos de comer, tenemos un lugar para dormir, desde una cucha con trapos viejos, hasta colchoncitos decorados que cuestan fortunas, se ocupan de nuestra salud y nos hacen regalitos que compran en los comercios dedicados a las mascotas. Es cierto que hay perros de la calle, forman pandillas y se pelean entre sí, pero es cuestión de momento, se las arreglan para vivir en la forma libre que ellos prefieren. Y no pasan hambre, la gente muchas veces se compadece de ellos y les ofrecen algo para mitigar su avidez, y ni hablar de los días de feria, en la zona de puestos de comida siempre ligan algo entre los paseantes y turistas: un pedazo de pizza, media empanada, un mordisco de milanesa, ese tipo de cosas. Hay una perrita de la calle que se vuelve loca por los waffles, siempre están plantada en el puesto que los hace, y es tan bonita y compradora que cada dos por tres está masticando la esquinita de un waffle que acaban de obsequiarle.
Que seamos inteligentes no quiere decir que siempre podemos hacer lo que queramos. En mi caso, para dar un ejemplo, me encanta que me lleven al río. No hay nada como ir a la carrera por la playa y meterse al agua a toda velocidad. Mi patrón lanza un palito al agua que se va flotando con la corriente, yo me largo a toda velocidad detrás de él, nadando estilo perro naturalmente, lo alcanzo y se lo llevo, lo dejo a sus pies y me sacudo salpicándolo todo, él se mata de risa. A veces me encuentro con amiguitos en la costa y andamos a las carreras persiguiéndonos entre nosotros... Nada como darle tarascones al agua, salpicando para todos lados y de paso calmando la sed. Eso es lo que más me gusta y disfruto: que me lleven al rio. Pero no vayan a creer que se esfuerzan mucho por darme el gusto, pasan largos meses sin que me lleven. En primer lugar, tiene que ser feriado, mi dueño trabaja y pasa todo el día fuera de la casa. Tampoco puede ser un día de lluvia o si hace mucho frío. Entonces, queda descartado todo el invierno y buena parte de otoño y primavera. Él no entiende que, a mí, el frío no me molesta. Tendría que darse cuenta: cuando me abren la puerta después de una nevada me gusta corretear y revolcarme en la nieve, quedarme panza arriba, salir disparando a la carrera salpicando nieve para todos lados, bien que le cuesta trabajo hacer que vuelva a la casa. Entonces, el frío no constituye ningún problema.
Cuando veo que el tiempo está bueno y él no va a trabajar empiezo con las indirectas. Me le aparezco con la toalla en la boca, arrastrándola, a la toalla que usamos únicamente cuando vamos al río, con ilustraciones de perritos, la toalla mía. No es que a mi patrón le preocupe que yo me quede mojado. Él quiere secarme por su auto. Quiere tener el coche siempre limpito y que yo no le moje los asientos ni le deje arena adentro. Entonces me recontra seca antes de volver a subirme en el asiento trasero.
Voy a pedirle que me lleve al río y él obviamente tiene otros programas. Ahora no podemos, pero más adelante te llevo. Es una respuesta típica. Me habla como si le entendiera, y en verdad, le entiendo. Que no le pueda responder es otra cosa. Entonces lo que hago es sacudir la toalla en sus narices y largar unos cortos ladridos. También le lanzo una profunda mirada generadora de culpas y termino yéndome cabizbajo, con la toalla abandonada a sus pies.
Si yo supiera manejar me voy por mi cuenta. Él es un buen conductor, maneja con prudencia y siempre me lleva en el asiento trasero, con arnés y sujeción al anclaje de los cinturones de seguridad. Tampoco me puedo escapar a la carrera, el río queda muy lejos y en el fondo no es una aventura solitaria, tengo que ir con él, tendrá sus defectos, pero el hombre es el mejor amigo del perro.
No me dice “mañana te llevo” porque el término es muy breve, perentorio y por lo tanto comprometedor. Tampoco se justifica ambiguamente: más tarde, otro día, etc. etc. Ahora está de moda decirme “La semana que viene” Pero... ¿La semana que viene... cuándo? Porque, supongamos que hoy es domingo, él puede pensar que no cuenta la del lunes siguiente, sino que hay que calcular la otra semana, entonces podemos llegar a dentro de quince días, que es un plazo que excede la imaginación de cualquier perro, sea o no ansioso. Entonces, por más que el día sea exuberante, el sol implacable y la temperatura altísima, por más que yo le refriegue la toalla con perritos en sus narices, él sigue sentado en la computadora y me dice, “Hoy no podemos, vamos la semana que viene”
Lo quiero mucho, lo respeto, pero... ¡Me tiene podrido con la semana que viene!

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Apenas si había amanecido y por eso la luz era muy débil y la foto de mala calidad, pero la belleza del picolezna (Pygar...
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Apenas si había amanecido y por eso la luz era muy débil y la foto de mala calidad, pero la belleza del picolezna (Pygarrhichas albogularis), amerita que lo subamos, muy lindo pajarito! Primera vez que lo veo, más de 20 años en la zona!

Extremo oeste del valle de El Hoyo, chubut.
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