14/10/2024
El grupo de la biblioteca que lee y escribe, dio como consigna: "hablar desde el punto de vista de un animal" yo presenté lo siguiente:
Cerebro de hormiga
El otro día escuché que decían “¡Pobre! Tiene el cerebrito de una hormiga...” Nada más desacertado. Para comenzar, si comparamos la masa encefálica con la corporal, nuestro cerebro es tres veces más grande que el del ser humano. Pero vayamos a los resultados, las hormigas no tenemos ningún tipo de trastornos mentales. Entre nosotros no existen los sicólogos ni los psiquíatras. Con nuestro “cerebrito de hormiga” nos la hemos arreglado para tener sociedades estables, sin tener que andar guerreando con sociedades hermanas, salvo algunos pocos problemas territoriales que siempre se terminan resolviendo. Así hemos llegado a dominar el mundo, estamos en todos los continentes y somos unos veinte mil billones de hormigas, o lo que es lo mismo, más o menos dos y medio millones de hormigas por cada ser humano.
No tenemos luchas internas dentro de cada colonia. Nos sabemos adaptar a nuestras funciones. Es verdad que nuestros grupos no son participativos ni democráticos, funciona más o menos como una monarquía con linajes especializados. Cada una sabe si tiene que ir cortar, arrastrar, acomodar las reservas, cuidar huevos, alimentar larvas, fecundar a la reina o poner huevos. Ninguna obrera va y le dice a la reina “Estamos hartos de ti, desde ahora yo tomo el mando” Ningún zángano le dice a la reina “Acabemos con este matriarcado, ahora yo soy el rey” Esto podría interpretarse como una apología de la monarquía, pero no, de ningún modo. Cada hormiga tiene su rol. No se trata de una descripción valorativa sino una exposición de la realidad. ¿Es bueno o malo? No lo sé, pero funciona.
Yo sé perfectamente bien que es políticamente incorrecto decir que lo que ustedes tienen no funciona. Pero... ¿Qué sentido tuvo haber pasado siglos venerando sagradas escrituras? ¿Cuánta sangre corrió entre miembros de diferentes nobles familias que pretendían un trono que no se podía fraccionar? ¿Cuánta carne quemada por no querer reconocer algo carente de evidencias? Es cierto, vino el iluminismo... Pero, ¿Cuántas cabezas rodaron, en nombre de revoluciones justas? ¿Cuántos holocaustos, persecuciones, crímenes de guerra? Ustedes no se dan cuenta porque son hojas que están volando dentro de la tormenta. No tienen el menor empacho en pisotear una fila de hormiguitas que van arrastrando con sus mandíbulas un pedacito de una hoja que llevarán bajo tierra.
El otro día discutíamos si éramos felices o no. Es que nunca nos lo habíamos planteado. Una de nosotras decía que no era importante, “Yo nunca conoceré la luz del día” decía “Pero soy feliz, al menos eso creo, porque acondiciono alimentos y me ocupo de las larvas, que es lo que tengo que hacer, y lo hago bien”
Bueno, es lo que dice Talcott Parsons, Estructura y Función. Nuestra sociedad se perpetúa, o al menos es estable y libre de conflictos durante muchísimo tiempo, porque cada una ocupa su sitio correcto dentro de la estructura y es funcional al conjunto.
Miren lo que pasa con los humanos, que tanto se burlan de nuestro “cerebrito de hormiga” Valoran la monogamia, pero mienten y traicionan sin ningún empacho. Nuestros zánganos fecundan y le dicen adiós al mundo sin una pizca de amargura, sin resentimientos.
El Homo Sapiens (¿Habrá que decir la Fémina Sapiens también ahora?) no se contenta con vivir en estado tribal, arma naciones e imperios, imagina dioses, y de acuerdo a lo que éstos le ordenan, invade a los vecinos, guerrea y esclaviza. Se las arreglan para construir sólidas estructuras, pero en base a injusticias y terror. Hasta que aquellos que más sufren logran acabar con el antiguo régimen, y construyen caóticamente el régimen propio, bastante anarco, dicho sea de paso, hasta que aparece un nuevo emperador a poner orden. Y el ciclo se repite. ¡No! Evoluciona, dirán algunos pensadores. Vamos hacia el Socialismo y luego el Comunismo. Pero el camino no es recto, tiene sus desvíos, “El Izquierdismo es la enfermedad infantil del comunismo” Decía Lenin, y tal vez tuviera razón... Pero... ¿Qué quieren que les diga? Me duele la cabeza de pensar en los hombres, perdón, en los hombres y las mujeres. Ya no me interesa leer política o teoría económica. Buscando, encontré La Hormiga Argentina, de Ítalo Calvino, y lo leí, porque soy hormiga y argentina, pero me dejó con un poco de culpa, me gustó más La Nube de Smog, que venía en el mismo libro, son relatos cortos, y ese me agradó más porque la culpa la tienen ustedes por quemar tanto combustible fósil.
Yo soy cortadora y arrastro, me gusta muchísimo ese trabajo porque ando siempre paseando y soy bien salidora. Se va por tierra, se sube a los árboles, se van cortando prolijamente las hojas... Atención que no matamos al árbol, siempre dejamos ramas vivas. Entonces, los trocitos de hoja se llevan hasta abajo para que las acondicionadoras las acomoden de modo que se forme la pasta de la cual después todas comemos, incluyendo reinas, zánganos y larvas. De ida, cuando una va descargada es casi como un paseo, se puede mirar a todos lados. Al regreso es un poco más pesado porque cargamos pedazos enormes y a veces se nos acalambran las mandíbulas, las mismas que hemos usado para cortar, sirven para asegurar la carga.
Bueno, por lo menos a mí, esto me ha servido como catarsis. Ya sé que la humanidad no me va a leer ni escuchar, pero a mí me de vez en cuando me da gusto pensar, me entretiene, y a veces cambiamos ideas con las chicas. A pesar de que solo tenemos, como ustedes dicen con desprecio: “un cerebrito de hormiga”