20/10/2026
Hay historias de familia que conocemos cuando ya somos mayores. A mí me ocurrió con la de mi bisabuela Madalena.
A finales del siglo XIX tuvo que sacar adelante a tres hijos en Sotres, un pueblo de alta montaña. Basta imaginar aquellos inviernos y aquella escasez para comprender lo que suponía.
Pero, cuando se hablaba de aquella familia, quien se llevaba el protagonismo era Alfonsito: había tenido nueve hijos con cuatro mujeres, todas del mismo pueblo.
Con los años, mi mirada se ha detenido en ella. En Madalena. En la responsabilidad de criar a sus hijos y en la fuerza que debió de necesitar. Para mí, un ejemplo de mujer empoderada antes de que existiera esa expresión.
Rosalía, Bonifacio y Serafín llevaron sus apellidos: López López. Mi güelu Serafín se lo transmitió a mi madre, Severina, y ese López llegó hasta mí.
Desconozco las circunstancias exactas por las que llevaron los apellidos de su madre. Lo que sí sé es que hoy llevo una parte de su historia en mi nombre.
Por eso he querido dedicarle una canción: «El apellido de Madalena». Porque también merece que la recordemos por su propia vida.
¿Hay alguna historia de tu familia que descubriste siendo ya mayor y que te hizo mirar a tus antepasados de otra manera?