16/08/2026
Casa de las Flores no está diseñado para todos los públicos, solo para los que saben mirar, sentir, conectar.
Que sensación tan bonita la de saberse el objetivo de aquellos que buscan algo diferente, los que buscan algo único. Porque ser únicos es ser singulares, creativos y muy arriesgados.
Gracias a EL PAÍS por incluirnos en este número de El País Semanal l, en el que compartimos páginas con los tan admirados Javis y Carmen Mora. “Eso no es moco de pavo” diría la madre de Gigi.
Gracias a Karelia Vázquez por narrar la historia de este proyecto con un tono tan elegante, deconstruyendo la manera de hablar del lujo; a Asier Rua por mirarnos tan delicadamente y convertirnos en secuencias de un cine almodovariano; a Planisferio Comunicacion por mimarnos tan de cerca; y a todos aquellos que creyeron que este proyecto se merecía este artículo.
Ayer Oscar Cubillo hablaba de su ritual familiar. Hoy, con el entusiasmo de dos niños chicos, prensa en mano y cafés sobre la mesa hablamos del ritual que Oscar y gigidevidal tenían sus domingos, cuando vivían en Madrid. Allí donde comenzó todo, porque ellos ya desayunaban 6 pases, tomaban buen café y leían El País, creando y, sin saberlo, proyectando Casa de las Flores.
Este proyecto nace de la pasión por convertir un hotel en un espacio exquisito donde los placeres se provocan, y no solo de hallarse en un alojamiento.
Todo lo que representa Casa de las Flores les refleja a ellos y a su manera de sentir la experiencia del viajero.