08/09/2026
Y en medio de todas esas historias siempre aparecía el mismo nombre:
Pedro.
El pequeño niño al que un día decidimos darle un nombre y que, según nuestra historia, durante años acompañó este antiguo patio.
Por eso hay una tradición muy sencilla:
Cuando llegues a la fuente, acércate despacio.
Piensa en una sola cosa que verdaderamente quieras.
Cierra los ojos y pide tu deseo en silencio.
No tienes que contárselo a nadie.
Porque cuentan que los deseos de San Pedro son secretos entre tú, Pedro y el agua.
Y si algún día se cumple…
quizá puedas regresar.
No para pedir otro.
Sino para decir: “Gracias, Pedro”.
Así continúa creciendo la historia del Patio de los Deseos de San Pedro, en el corazón de Tlaquepaque.
Y quién sabe…
tal vez el próximo deseo que forme parte de esta historia sea el tuyo.